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El Pino, esto sí es una Casa de Comidas

En los calderos, sopa, menudillo de pollo, carne de cabra, garbanzas, chocos en salsa y, fuera de carta, hoy escaldón de caldo de carne (que no gofio escaldado) con mojo verde. En la parrilla, salchichas, chistorras, morcillas, bistec y chuletas de cerdo o ternera y pollo. Para acompañar, mojo rojo, queso tierno, ensalada y las papas fritas o arrugadas, según el gusto de cada cual. El vino, de cosecha propia, ¡y estamos en Tacoronte!

En los calderos con un dominio claro de los fondos, de la pimienta, de las hierbas aromáticas y del punto de cocción se nota la mano de la cocinera, porque los sabores son los esperados. En la parrilla, asados jugosos, tanto en las carnes como en el pollo. Eso no es fácil. El Pino cocina con productos de su propia huerta y de su vecindad, es de esos lugares donde ‘comer’ adquiere un significado con un plus de calidad que tanto apreciamos aquellos con ya cierta “experiencia” abonando facturas.

Al grano. Como pensamos en probar la mayor cantidad de platos decidimos pedir medias raciones (sí, medias o enteras, a elegir), porque vamos conociéndonos y los años también obligan. Pan, mantequilla y comenzamos. Queso tierno de cabra cortado en dados, muy bien la cantidad y la calidad; las garbanzas, calentitas, jugosas, sabrosas y tiernas. En su línea, pasan los años y siempre saben igual. Los chocos en salsa (con el mismo tratamiento que las potas, uno de nuestros platos favoritos entre la excelencia de la cocina marinera de las islas) están ¡de muerte! Aquí, el vino tinto empezaba a cumplir sobradamente con su obligación y, como remate, el escaldón con sus tropezones, incluida la obligada cebolla blanca, en este caso. Acabó el primer asalto.

Los segundos: bistec de cerdo, medio pollo y la carne de cabra. Por partes. Sabemos lo agradecida que es la carne de cochino en la boca, pero muy fácil de quedar pasada en el fogón ya que requiere obligatoriamente una cocción completa, por lo que tomarla jugosa solo puede significar que estamos ante carne fresca y no congelada. Fue el caso. Papas fritas (un buen plato) y mojo rojo dieron con la amalgama perfecta al igual que con el pollo, ante el que no hubo nada que objetar. Sabroso, un diez el asado, no en balde son ya más de 30 años dando de comer en El Pino, por lo que la experiencia es un grado.

Hacemos punto y aparte con el último plato, también de caldero. La carne de cabra puede gustar o no, enamorar o no; ésta es de las que gustan y enamoran. Eso sí, las especies y el picante son las claves del guiso. La carne requiere de varias cocciones, por lo que en el caldero el fondo y los condimentos son lo que la convierten en un manjar o no. Lo dicho, fue un manjar. Mientras quedó pan para rebañar, todos felices. Unos helados y el café cerró el festín.

En restaurantes de esta identidad (cuatro adultos y la comanda no llegó a los doce euros por barba) es donde los recuerdos alimentan nuestra memoria y se reedita nuestra cultura gastronómica tan personal, esa que parece siempre que tiende a desaparecer o, no se sabe muy bien por qué, a ser denostada.

La Ficha

  • Bar-Restaurante El Pino
  • Carril Alto, 34 – Barranco Las Lajas
    Tacoronte
    Santa Cruz de Tenerife
  • Tel.: 922 567 463
  • Horarios: de miércoles a lunes de 12:00 a 23:00 horas – Martes cerrado.

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