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La gastronomía y lo que cuentan: ¿dónde está la verdad?

La gastronomía y lo que cuentan: ¿dónde está la verdad?

Las lecturas de reseñas gastronómicas son cada vez más recurrentes a la hora de elegir un restaurante en el que dejarse unos euros. Sucede que en tales artículos (opinión, al fin y al cabo) a veces cuesta diferenciar lo que es información de lo que es publicidad del establecimiento en cuestión. ¿Cómo diferenciar cuando estamos ante un escrito que responde al principio de informar o cuándo al de promocionar un negocio? ¿Debemos creernos todo lo que leemos?

Las editoriales pasan por el peor momento. El periodismo tradicional está en fase agonizante frente a la competencia de las nuevas tecnologías y los nuevos hábitos. Eso repercute en la cuenta de resultados. Ingresar es lo importante y una fórmula para lograrlo es dedicar el trabajo de profesionales de la información a incrementarlos. En el caso concreto de la restauración necesitan de los medios y los medios necesitan liquidez. De ahí que encontrar críticas imparciales no sea lo común.

Añadamos que el crítico gastronómico, por regla general, no es alguien formado en la dualidad profesional que le sería necesaria para ser un experto en periodismo y en gastronomía. Entiéndase que una buena crítica requiere conocimientos y, por tanto, la restauración precisa de plumas preparadas en ambas disciplinas. Las hay, pero son pocas.

De vividores y charlatanes está lleno este mercado en el que especialistas en “juntar letras” se mezclan con amantes de la gastronomía, apasionados de los fogones o gourmets diestros en el dominio del verbo que, en el mejor de los casos, cuentan con la ayuda de profesionales de la pluma para matizar sus expresiones; en otros casos, ni eso.

¿Qué necesita la restauración de Canarias, los turistas y quienes nos leen? No parece que lo ideal sea cómo unos señores cuentan lo bien que comen, ni que otros les hagan la pelota por un plato de lentejas, o que algunos ensalcen lo bien que les atienden en unas salas fastuosas y maravillosas. Opiniones reales, rigurosas y sin adornos es lo ideal, pero no abundan. 

Flaco favor nos hacemos todos si atendemos solo a lo que queremos oír y no miramos más allá del ombligo. Escribir sin la anuencia del restaurante, contar abiertamente la experiencia y si no nos gusta… Pues que no nos gustó. Desgraciadamente, suena a utópico, pero debe ser el compromiso con el lector de quienes nos dedicamos a comunicar experiencias gastronómicas e informarles de ellas. ¡Mea culpa! A ver si lo logramos desde nuestra web.

“Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que se publique, todo lo demás es relaciones públicas” (George Orwell).

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